Los Rubin´s

Los Rubin´s
Músicos que integraron la organización musical Los Rubin´s en los años de 1980. Asunción Cerino, el entonces saxofonista, está en el lado derecho de la imagen que se usó para la portada de un disco, de aquellos LP.

jueves, 23 de febrero de 2012

El éxodo de Lucio Cerino

Crónica
Foto: De izquierda a derecha están: Asunción, Kristian, Juan Sebastián y Lucio Cerino (+)


Kristian Antonio Cerino
Jalupa, Tabasco.
En la casa de Lucio Cerino Cruz (1926) había pocas cacerolas. Lo que más se encontraba -de principio a fin- eran saxofones, timbales, cables, bocinas y un güiro viejo que casi siempre colgaba detrás de la puerta.
Llegar a la casa del abuelo era saber que las conversaciones podrían ser las novedades en su Jalupa, las fiestas patronales y el quehacer de los grupos musicales.
O se hablaba de Los Vagabundos, el grupo que fundó Cerino, o de Los Rubin´s, la otra banda musical en donde ya tocaba mi padre.
De niño siempre escuché cantar a los hijos del abuelo. A otros lo vi golpear los platillos, las tumbas, y soy testigo de cómo el primo Anibal se ganó la vida en las tocadas, desde que era niño, primero con la batería y después con el bajo eléctrico. Cerino para Anibal fue su padre. Sólo eso.
Como en la casa de Cerino el patio era el salón Paty, los cencerros estaban por todas partes. Había panderos, tarolas, bombos y el libro de música que ningún principiante ignoraría: el método de solfeo de Hilarion Eslava.
Pero en la bodega de Cerino se encontraban instrumentos que fueron usados en décadas pasadas. Aunque él nunca lo dijo, en aquellos años maravillosos llegué a pensar que la bodega era un museo de la música. Era como observar la evolución de los instrumentos ante los nuevos que adquiría la familia.
En fin, la casa del abuelo -frente a la iglesia de san Juan- fue el punto de encuentro de los grandes grupos musicales, fue la mesa que convocó a bateristas, saxofonistas y cantantes, fue la estancia perfecta para sólo pensar en la música de los Cerinos: la tropical.
Cuando cierro los ojos veo al abuelo con su saxofón bosquejando en el aire No guardes esas flores de blancas mariposas, y también lo miro con un mapa que hacía de manera artesanal para vender las mesas que se usaban en los bailes que él organizaba, justo aquí sigo creyendo que jamás murió, sino que aún se le ve caminar por la casa, poner la tranca en la puerta, la reja en la otra, o arrinconar la silla verde para contemplar el paso de los otros. Lo veo, asimismo, limpiar las fotos de sus padres Juan y Juana.
En algunos libros de la familia, el abuelo está ejecutando el saxofón con su hijo Chon Cerino. En otros, con Chucho, Sebastián y Estela. Hay una foto en el álbum de la familia Cerino Córdova que rememora la vida del abuelo: en ésta Lucio Cerino está en pie seguramente en el malecón de Campeche. Detrás de él y de sus lentes oscuros, el imponente mar. El abuelo como el mar siempre fueron combatientes, trotamundos, de retos. El abuelo nadó por los hijos, por los nietos, por los biznietos, con la idea de que nunca llegaría el fin. Sin embargo, éste se presentó un 16 de julio (2011). Así como el viento de la mala hora.
En otra imagen, el abuelo (aún con cabello) firma el acta de matrimonio de uno de sus hijos, allá por 1978.
Quizás una de las últimas fotos que nos regaló el viejo fue una en donde aparecen sus biznietos Cerino Castillo y otra más -agregada a una red social por Anibal- en que Cerino está tocando el bombo con su hija la Chata. A Cerino le se vio feliz, fue feliz, y murió así, con el saxofón atado al ataúd.
Jalupa es hoy una villa que crece con el ánimo de sus habitantes. Los padres de Lucio Cerino vivieron siempre aquí. Con los Cerino, otras familias como los Hernández, los Madrigal o los Coronel, fueron de los primeros en fundar Jalupa de Jalpa de Méndez.
Exactamente aquí Cerino enseñó por muchos años la música de percusiones y de viento. Conoció a Pedro Romero, el locutor de la música tropical,  y vio crecer a muchos músicos de Tabasco.
Lo que nadie dice es que Cerino fue un buen bailarín. Cada vez que por la bocina ya se escuchaba la música, éste movía los pies de una manera peculiar. Nunca le vi romper los zapatos durante un baile pero a menudo lo miré cambiar de gorra, últimamente más tocando el saxofón con sus amigos músicos de la marimba municipal.
He olvidado decir que la sala del abuelo era inmensa. No sólo cabía una hamaca -que mas tardaban en amarrarla que alguien ya la había desatado para mecerse en ella-, sino igualmente cabía el puño de hijos y los hijos de los hijos. He olvidado decir que Cerino, en esta sala, empleaba una semana de su tiempo para  hacer un gran pesebre durante diciembre. De niño creí que un día el abuelo cabría ahí porque cada año que pasaba compraba más pasto para extender su Nacimiento. He olvidado decir que por mi abuelo conocí una lámpara de petróleo, y supe de la existencia de las bailarinas -en el ambiente musical- por un trajecito repleto de lentejuelas que atesoraba detrás de la puerta de su cuarto.
—Creo que era de Chabela —decía. Chabela alguna vez bailó en Los Vagabundos y como recuerdo de sus danzas, quedó uno de sus vestuarios para la perpetuidad. Y he olvidado decir que el abuelo siempre presumió a sus hijos profesionistas y a sus hijos músicos. En la sala, además de la foto de su padre, estuvo bien clavada a la pared la imagen de Los Rubin´s, el grupo sensación de la década de los 80´s.
—Tu papá ­—me decía señalando la foto—es un chingón. Mi padre fue el saxofonista de Los Rubin´s en donde grabó muchos discos de los llamados LP.
Si 4 cosas cuidó siempre el abuelo podría decir que fueron éstas: el saxofón, la silla verde, la reja, y la grabadora que alguna vez la rompió uno de sus nietos, nietos que jamás se salvaron de que el abuelo les hiciera una señal de la cruz en la frente, con saliva, o que les dijera “Tu puta madre”, pero con cariño. Así era Cerino o Merino, como le decían en Jalupa.
El abuelo era un gran narrador de la doble C. De chistes y de cuentos. Y en ocasiones le nacía la idea de ser comediante e imitar los diálogos y posturas de otros hombres de Jalupa. El abuelo vivió y la contó, y la cantó y la gozó: No evoques el recuerdo, de cosas tan hermosas, cuando ya tu cariño, comprendo que perdí

* * *

La cama de Lucio Cerino está fría. La he tocado un par veces ahora que me dicen que ya nada se puede hacer, que su corazón se paró a las 9.45 de la noche, que es sábado (16 de julio), que  llueve afuera y se mojan las calles de Jalupa, que llueve adentro y se mojan los ojos de sus hijos.
Ha llovido por todas partes y el aire -incluso- quiso levantar la casa, meterse como un animal desconocido, llevarse a alguien más entre las patas.
Antes de que Lucio Cerino muriera, lo escuché llamar a no sé quién. Le oí un ruido infernal en la garganta y lo vi inflamado del rostro y de los brazos. Tuve la certeza de que 2 días antes, el abuelo sabía que la voz que le hablaba era yo, el que le decía que “todo estará bien”, el que le dijo “descansa”.
A penas Lucio Arturo, otro de los nietos, había orado con él cuando éste en lo inmediato murió.
Una vez que Nahúm –el médico de la familia- confirmó el deceso, audiograbé cronológicamente lo siguiente:
Una cama fría
Dos almohadas
Una celeste, una naranja
Una sabana
Un rollo de papel higiénico
Un tanque de oxigeno color verde Estoy llorando
Escuché sus nudos en la garganta
Ya era otro, lo siento en esta cama.
Lo siento aquí, tan mío. Su frente, ya no es el mismo. Se fue.
Desde el momento en que Lucio Cerino fue acostado en el ataúd y el cristal nos distanció más, comprendí el llanto de los tíos. Desde aquel instante la casa se llenó de familiares y amigos. Se llenó de ayeres, de anecdotarios, de pésames por la muerte de Lucio, el músico moreno de Jalupa.
Libia, Lola, Conchi y Jorge Alberto, no hicieron más que aportar nuevas lágrimas por la partida de Cerino, del gran padre. Y cuando Anibal lo vio en el ataúd, 2 horas después, el río se desbordó… Lo que pasó al día siguiente, lo escribí en una libreta y lo videograbé con la única intención de dejar evidencia de la muerte del abuelo.
Al llegar al cementerio de Jalupa, la Chata lloró. Recuerdo que de niño, al morir la bisabuela Juana, también lo hizo: ¿Quién llorará el día en que muera la Chata? Mientras Chon Cerino ejecutaba el saxofón con “A dónde irás, veloz y fatigada, la golondrina que te aquí se va”, Estela Cerino dejó caer las últimas gotas sobre el cristal de la caja de madera.
El 18 de julio, a las 10 de la mañana, sepultaron al abuelo en Jalupa. Con un cielo grisáceo, sólo se reportó una ligera llovizna. Ya no fue necesaria la lluvia, ya los Cerino habían ocasionado una inundación con sus llantos.
Mis hermanos, Heidi Cecilia y Jesús Manuel, no pudieron ocultar el lagrimeo y discretamente se limpiaron los ojos.
Jesús Cerino, el hijo mayor de don Lucio, dijo que su padre fue un hombre que se ganó el aprecio, la amistad, el corazón.
En un discurso improvisado en el panteón, y ante cientos de familiares y amigos, el profesor Chucho hizo la siguiente pregunta ante un público que también moqueó:
–¿Estamos de corazón?
–Así es –se oyó el coro.
–Mi padre –continuó– no nos pegó, nos dio amor y estamos orgullosos de él.
Alrededor del féretro, algunos nietos sacaron sus pañuelos para impedir el desbordamiento de ojos, algunos biznietos le hicieron una cruz de flores, y algunos más alargaron sus brazos para tocar al músico que se les fue.
–Los hijos de Lucio Cerino no están defraudados –sentenció con una voz grave don Chucho.
–Gracias y que Dios les bendiga.
Dicho esto escuchamos muchos aplausos, se vieron muchos abrazos, se sintió el fin de Lucio.
Seis hombres fortachones, entre ellos Carlos y Rafael, bajaron el ataúd. El descenso demoró. Después: la tierra, las flores, los nuevos lloriqueos, y la canción: “no vale nada la vida, la vida no vale nada, comienza siempre llorando y así llorando se acaba, por esto es que en este mundo, la vida no vale nada”.
Por un lado, los mariachis añadían “el día que yo me muera no voy a llevarme nada / ya muerto voy a llevarme, nomas un puño de tierra”, y por otro, la banda musical en donde además Jacobo tocó la trompeta, nos volvieron a recordarno evoques el recuerdo, de cosas tan hermosas, cuando ya tu cariño, comprendo que perdí…”
Cosa curiosa pero Jacobo participó del entierro y despidió con música a Lucio Cerino, a quien jamás vio por su ceguera, y a quien sólo reconoció por la voz. Hoy Jacobo es el único que no vio el final de Cerino, pero oyó el llanto de los hijos, sus dolores. Seguramente los escuchará cuando muera la abuela Charo y los Cerino se vuelvan a reunir para abrazarse a un féretro y sepan que el tiempo es lo único irrecuperable. En tanto, Charo –con pañuelo en la cabeza y ya desgastada por los años- de lejos y con la mirada triste le dio el último adiós a Lucio.
—¿Lo extrañas? —le pregunté a Charo.
—Claro —respondió escuetamente al limpiarse un ojo. Me dijo otras cosas que no podría decir aquí, pero me queda claro que la abuela siempre lo amó hasta el extremo.
—Lo viste en el hospital —insistí.
—Y lo besé y le dije, viejo mi querido viejo.
Jacobo tampoco vio que los Cerino despidieron-al abuelo- vestidos de blanco, como arcángeles, como sepulcros blanqueados, como paramédicos.
Chon Cerino, con un nudo en lengua, alcanzó a decir: Voy a tocar esto para mi padre.
Mi padre ejecutó Toca el saxo, la canción emblemática de los saxofonistas, y el público coreó: “Tú lo tocas”.
La metamorfosis llegó. De llanto a aplausos, de moqueos a “Tú lo tocas”, de dolores a pequeños pasitos. De muerte a alegría. Y comenzó el baile, un baile con el fin de despedir al abuelo como vivió: entre música y baile.
—Mi abuelo será recordado aquí, en Japón y en China —dijo en voz alta Lucio, alias Chaparro.
Y se agregaron nuevas sentencias:
—Lucio sigue viviendo a través de la alegría —comentó Sebastián Cerino.
Una hora después del comienzo del funeral aún vi a nietos trepados en otras tumbas porque nadie quería marcharse. Aún olía a flores que recuerdan los éxodos o los corredores de la muerte. Aún quedaban los últimos kilos de tierra que sepultarían definitivamente al abuelo, aún quedaba algo más por escribir.
Un hijo de Chon Cerino, conmemoró al poeta Jaime Sabines, el vate que escribió Tía Chofi: “Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos, porque te quise a tu hora, en el lugar preciso…”
Pero al decir este poema, Anibal eligió la frase final de esta historia, una máxima diría yo, y entonándola como es su costumbre remató:
—Ya se murió mi abuelito, miau miau, miau.

Los años con Leandro Sánchez, el sax de oro.

Crónica


Leandro Sánchez

Kristian Antonio Cerino
Jonuta, Tabasco.

El 20 de diciembre de 1971 un paquete sorprendió a los hijos de Sánchez. El envío, con la leyenda de extra urgente, era enviado por Mario Trujillo García, un político que gobernó Tabasco entre 1971 y 1977. Lo abrieron.
No sólo era una trompeta pionner 880, sino el instrumento que marcaría aún más la carrera en ascenso de Leandro Sánchez Pérez, el sax de oro, como se le bautizó a raíz del regalo. 
La trompeta le costó a Trujillo 675. Pero el saxofón 6.200 pesos, un instrumento musical que compró en casa Veerkamp, en la ciudad de México, cuyo pedido llegó primero a Villahermosa por la empresa Express Aéreo y después a la calle Zaragoza 614, la casa de los Sánchez en el municipio de Jonuta. El obsequio sí emocionó a la familia.
El saxofón alto, marca Selmer, atrapó no sólo a los hijos de Sánchez: Melba Maritza, Leandro Arturo y Edén Guillermo. Podríamos decir -sin exagerar- que muchos en Jonuta, la ciudad que está cruzando el puente y a orilla del rio Usumacinta, encontraron en el nuevo sax uno de los minerales más codiciados del planeta. Hallaron oro.

La factura del saxofón


Algunos jonutecos, y más allá del rio, creyeron que el sax era en verdad de oro, más sólo estaba dorado.
A Leandro Sánchez le llamaron El sax de oro, porque el instrumento de viento sí estaba bañado en oro.
—Con  chapa de oro —precisa Melba Maritza Sánchez Garrido, hija de Leandro Sánchez.
Al sax de oro (1924-2011) siempre le agradó su nombre artístico. Le gustó el reconocimiento público que recibió en los últimos 20 años, y en su casa recibió un sinfín de visitas y abrazos de músicos que le decían -al mirarlo- maestro. En otras ciudades, una vez que trascendió su muerte el 10 de agosto de 2011 y la radio propagó la noticia, se escucharon los lamentos de los músicos que le conocieron y le copiaron el estilo.
Sin embargo, Leandro Sánchez, el saxofonista que murió sin que le extirparan el sax, vivió con otros amores: el Grand Marquis y la guitarra.
Una fotografía fechada el 28 de mayo de 1991 resume la vida y obra de Leandro Sánchez Pérez, el saxofón de oro de Jonuta.
Vestido totalmente de blanco, sostiene el mismo saxofón que le dio Trujillo 20 años atrás y se recarga de su Grand Marquis placa WLE 118, un auto color perla, y sobre la nave estacionada, la guitarra que escucharon -con la voz de Sánchez- un puño de mujeres cuando éste les quería alcanzar y soplar el corazón.
Al reverso de la foto, se lee la siguiente anotación: Leandro Sánchez Pérez, su Gran Marquis, su saxofón de oro y su guitarra Pimentel. Mayo 28, 91. Foto: Mendoza.

Foto: Junto a sus 3 amores

—Tuvo un chevy, pero no le agradaba. Le gustaban los carros grandes. Los veía elegantes.
Originalmente ejecutaba el clarinete. Lo siguió soplando en la sala, la cocina. Y por qué no en el cuarto principal. El sonido del clarinete pronto fue suplantado por el del saxofón. A los bailes, el saxofón iba con él. A la plaza, también. A las fiestas donde era invitado, más. Algunas veces lo metió en el baño, según los mitos que se construyen a su alrededor.
—Siempre en la cajuela del carro iba la guitarra y el saxofón.
El saxofonista, un icono de Jonuta, aprendió el oficio de su padre Leandro Sánchez Casanova y de su tío Serviliano. Éste estudió música en el Conservatorio y cuando retornó a Jonuta le enseñó al hermano cómo leer las notas en el pentagrama. Casanova ejecutó la tuba, un instrumento que se usa poco en Tabasco. Ya de viejo, dedicó sus últimos días, con mucho empeño, al violín, un violín que se rompe poco a poco con el tiempo en la casa de la calle Zaragoza.
Padre y tío, vieron posibilidades en el hijo y sobrino, y murieron sabiendo que la leyenda continuaría en la imagen de Leandro Sánchez Pérez. La esperanza en El sax de oro comenzó el día en que su madre vendió la máquina de coser para comprar un sax, el más barato del mercado. 
Cada vez que Sánchez tocaba el saxofón sentía los pedalazos que su madre ya no pudo darle, por algunos años, a la máquina de coser, una herramienta indispensable en la vida de una mujer del siglo XX.
—Llegó a tener 2 saxofones, pero uno de ellos era de la Casa de la cultura de Jonuta. Se oía muy suave.
—Cuando eran niños, los hijos de Sánchez ¿le rompieron algún instrumento?
—No tocábamos, estaban bien guardados, antes tenías más miedo a una cuereada y no tocábamos nada.
Ahora que en el ambiente musical se repite “supiste que murió Leandro Sánchez”, es precisamente cuando el saxofonista que murió de paro respiratorio a los 87 años, es cuando más está  vivito y tocando.

Melba, la hija de Leandro Sánchez


* * *


Joaquín Sánchez es uno de los miles de amigos que acumuló LeandroSanchez (así lo pronuncian en Jonuta) en 87 años.
­—Lástima que no trajo el saxofón —le decían a coro los hombres y las mujeres de las comunidades como Monte Grande o Boca de san Jerónimo o San Antonio.
—Pues sí lo traigo —les respondía—. Y así lo recuerda Joaquín Sánchez, un jonuteco que le acompañó en la música y en la política cuando ambos participaron en el gobierno municipal de Jonuta, una demarcación quieta con unos 29 mil habitantes.

Joaquín Sánchez, amigo y vecino del músico.


Así, sin pensarlo, LeandroSanchez sacaba el saxofón cada vez que se lo pedían los políticos y los campesinos.
—Eran fiestas que no tenían fin —. Se ríe discretamente Joaquín Sánchez. Cruzado de piernas en el sillón de su casa, cerca de donde vivía LeandroSanchez, resume que El sax de oro ya es una leyenda.
El músico que hizo vibrar con el saxofón a los bailarines, y también a los reacios, disfrutó de los placeres del mundo. Aunque siempre respetuoso, casi nunca pudo contener el ojo y la lengua frente a una mujer. La retina se le dilataba y la palabra le brotaba para recitarles o cantarles.
­–Fue de vista alegre ­–sentencia su hija.
A las mujeres les lanzaba “flores” y les cantaba Jonuteca: Pongo a tus pies jonuteca, mi humilde canción. Y eres también tabasqueña porque así lo quiso Dios…
–¿Siempre mantuvo los dedos ocupados?
–Sí. También le gustó la bohemia, la copita del medio día.
A pesar de la reprobación de la mujer de Sánchez (Melba Garrido), por la dichosa copita del medio día, éste la continuó empinando con moderación.
–También le gustaba el vino dulzón, el lambrusco.
En  1974, cuando LeandroSanchez concluyó su periodo como presidente municipal de Jonuta, retomó  los negocios. Reabrió la farmacia La Salud, un sitio para resarcir los males de los jonutecos, un escenario ideal para la charla, la bohemia y la cerveza con muchísima espuma. Habían pasado muchos años en los que El sax de oro deambulaba como saxofonista en las bandas y en los grupos musicales, cuando se fue atrincherando en su natal Jonuta, que en náhuatl significa en donde abundan los jonotes.
Había días en que Sánchez cerraba la puerta de La Salud y los que pasaban frente a la botica sabían que el ambiente estaba pero detrás. Justo ahí, se oía el ruido de la tarola, del saxofón y las voces de los que acompañaban a LeandroSánchez. Y entre ellos, en algunos momentos, quien era el presidente municipal.
–­Y no faltaba el vino y el queso pategrás –. Hoy en el local de La Salud hay un billar y enfrente una casa de empeño.

Levanta sus manos y dice !Salud!


 Al caminar por las calles de Jonuta, escuché a más que otros decir que el municipio se llame Jonuta de Leandro Sánchez.
Según sus hijos, el mejor reconocimiento para el padre fue el amor del pueblo por un hombre que siempre antepuso el nombre de Jonuta en las plazas en donde se presentaba.
Ya por la edad, Sánchez rechazó la invitación de ejecutar el saxofón con el grupo yucateco Los Aragón (1961-1980). Se quedó en Jonuta por la familia.
Los Aragón fue una de las organizaciones más escuchadas por aquellas canciones como El cable y La vaca vieja. 
“Mi papá tenía un estilo muy característico, muy especial que luego otros grupos de ahora se lo copiaron pero reconocen ellos que es inspirado en Leandro Sánchez. Y ese estilo lo tenía Ruy Medina (de Los Aragón)”.
Tres fueron las melodías que interpretaba, de manera instrumental, El sax de oro: La virgen de la macarena, El tema de Tracy y Toca el saxo.
—Hacían llorar el saxo. A Ruy y a Leandro por esos detallitos los identifico.
En Jonuta, ya retirado de los grupos musicales pero activo en la casa de la Cultura (en donde Lupón, un paliceño llevaba su saxo metido en un morral) Sánchez abrazó a los músicos que lo frecuentaron: Chicho Ché, los hermanos Bolón, Alfredo y sus Teclados y una carretada de políticos como Roberto Madrazo.
Es probable que los visitantes llegaron a probar la comida predilecta de Sánchez: el frijol con chicharon o la carne salada. Hasta los últimos días, El sax de oro no padeció gastritis y le entró con fuerza a la comida jonuteca. Eso sí, comió con una gran lentitud “y nos fastidiábamos porque él no acababa”.


Leandro Sánchez y Pepe del Rivero


* * *

Empecé a estudiar música a los 14 años y a los 15 años. Un día 31 de diciembre, hice mi presentación como músico. Mi primer instrumento fue un clarinete. Me gustaba de Benny Goodman, que era en esos tiempos el mejor clarinetista del mundo, y traté de imitarlo hasta lograr dominar el clarinete y llegué a efectuar una de sus mejores creaciones que se titula “De pueblo en pueblo”, con la cual me hice famoso, y así seguí interpretando más creaciones de este famoso músico. También interpreté música de otro gran clarinetista como Artie Shaw. Toda esta música me llevó a la fama y así nació en Jonuta, Tabasco, el famoso Leandro Sánchez Pérez.

Mi maestro fue mi padre, don Leandro Sánchez Casanova. El conservatorio donde estudié era debajo de una mata de chicozapote que había en el patio de mi casa en la calle Gregorio Méndez Núm. 38  de esta ciudad.

Años después mi madre doña Isidra Pérez de Sánchez compró un saxofón de medio uso y al poco tiempo lo llegué a dominar a mi antojo, el cual es más fácil que el clarinete. Después de diversas actuaciones en varios estados de la república, a los 21 años de edad, decidí irme a los Estados Unidos de Norteamérica y un día 4 de julio crucé el puente Internacional y empecé a tocar en Fort Bliss, Texas; después en Kansas City, luego en San Luis Missouri, en el estadio de Ohio, en Travers City, y decidí irme a Detroit, Michigan donde actuaba en el casino Conga para los latinos y americanos. Y estuve mucho tiempo.

Tiempo después, decidí irme a Chicago Illinois y conseguí trabajo en el casino Twenty Seven donde estuve un tiempo; luego regresé a Detroit, y por último me di una vuelta hasta Windsor, Canadá, donde también hice algunas presentaciones y retorné a los Estados Unidos, donde solicité mi retorno a México. Estando ya en la ciudad de los palacios toqué en el club de los artistas, en los Globos, y en la Alameda y después retorné a Jonuta, mi pueblo natal.

Formé mi grupo musical y nuevamente   empezamos con las giras artísticas cuando el general Miguel Orrico de los Llanos llegó a ser gobernador de Tabasco; fuimos seleccionados para ir a México a tocar en la estación de radio XEW, en el programa de la Hora Nacional, porque le tocó a Tabasco.

En las exposiciones regionales de Tabasco siempre el conjunto Jonuta de Leandro Sánchez, ocupó primeros lugares en los concursos de música variada y zapateos. Mis últimas actuaciones fueron en el Paradise en Acapulco, Guerrero, y en el Revolcadero.

El presidente Adolfo López Mateo visitó 2 veces la ciudad de Jonuta, siendo presidente municipal Raúl Ojeda Garrido, y a la hora de la comida le dediqué la Macarena y el señor me observó detenidamente y quedó impresionado con la ejecución de esta partitura, por lo que le dijo Ojeda Garrido que me mandara a México para tocar en los Pinos y en el Auditorio Nacional.

Del mismo modo, siendo presidente de la república, el licenciado Gustavo Díaz Ordaz, también actué en los Pinos y en el Auditorio Nacional.

El día más especial fue cuando el gran ídolo tabasqueño, el gran Francisco José Mandujano, mejor conocido como el Gran Chico Ché, llegó a mi humilde hogar a buscarme para grabar un long play titulado Nadie como Chico Ché y en el cual fui solista con el saxofón en toda la grabación.
Hoy a mis 81 años de  edad, estoy laborando en la casa de la Cultura de mi pueblo querido y a la fecha ya formamos un conjunto musical con el que vamos a hacer una grabación el día 9 de octubre de 2005, esperando sea un éxito.

Jonuta, Tabasco a 3 de octubre de 2005. Ignacio Zaragoza 505, Jonuta.

Así escribió Leandro Sánchez sus memorias que envió al ayuntamiento de Jonuta para la elaboración de un libro sobre su vida y obra. Una vez que redactó sus vivencias, firmó el documento que hoy conserva la viuda de Sánchez, Melva Garrido Thompson.

Leandro Sánchez y Carlos Salinas

*  *  *

Leandro Sánchez Pérez fue el escribano de la Asociación Ganadera de Jonuta. Le escribía las cartas o los telegramas a Raúl Ojeda Garrido, el líder de los ganaderos en la zona. Con sólo unas cuantas vaquitas, porque no era el gran comunero, Sánchez perfeccionó un estilo literario que pocos le conocieron. Tomó la escritura con pasión, y no sólo escribió canciones como Jonuta, Jonuteca o Mi pueblo natal, sino que dedicó sus últimos años a la composición. Redactó bombas, rimas y una serie de anécdotas. La mayoría de las composiciones están guardadas en un maletín que atesoran los hijos de Sánchez.
Algunos ejemplos:

Bomba sobre Madrazo

Jonuta está aquí presente pero ha sufrido un retraso, yo vengo a pedirle ayuda al gran Roberto Madrazo. Mi pueblo quedó jodido, no lo podemos negar, lo saquearon los Panchitos que es banda internacional.

Qué tristeza me da ver al pueblito que uno estima, tirado en un muladar con un hijueputa encima sin poderlo remediar y el presi chinga que chinga…

Roberto quiero pedirte con amor y que lo sientas, que ayude a mi Jonuta que ha sido la cenicienta.

Para Raúl:

El licenciado Raúl muy triste se despidió pero se fue muy contento a gastarse los millones que en Jonuta rejodió.

Para Salvador Neme, un gobernador de Tabasco:

Su castillo ha de rodar, sí señor, pues por mostrarse renuente y querer darse un quemón ya no salva a Salvador ni el papá del presidente. Enero del 92.

En algunas grabaciones, conservadas por los hijos de Sánchez, se oye  la voz del padre hablando sobre su mujer y felicitando a todos los padres de Jonuta: 

Voz en off:

En este día del padre dedicamos: El hombre del sureste, esta canción grandiosa de don Tomás Garrido Canabal, tío de mi mujer. Vámonos señores.

Y en otra, en un siguiente año, lo expresó así:

Damas y caballeros, en este día del padre y tan precioso que tenemos con un sol tropicalísimo y lindo de Jonuta, aquí una inspiración divina. Leandro Sánchez con su saxofón alto, de oro, dobleteando, dedicamos esta canción preciosísima que se llama Tema de Tracy. A todos los padres de Jonuta.

En el álbum familiar, los escritos de Sánchez recrean toda una época. En sus ratos de ocio, mientras no recibía a los compradores de medicamos en La Salud, anotaba en su libreta de apuntes cosas como:

Julio 13/92. Hoy falleció del corazón el buen amigo, Lic. Nicolás Reynés Berezaluce, en la ciudad de México, D.F., siendo presidente de la Cámara de Senadores.

En el maletín se guardan recortes de periódicos, los telegramas de felicitación que recibió cuando estaba por gobernar Jonuta, las fotografías en papel (blanco y negro) de cuando participó y ganó un concurso de zapateo, y de cuando declaró que habría una revolución si Alondra no era la representante de Tabasco en el certamen de Señorita México.

En una carpeta con una inscripción de puño y letra (por Sánchez) que dice: Telegramas recibidos con motivo de haber sido electo para presidente municipal de mi pueblo, Jonuta, Tab. Octubre de 1970,  se encuentran los siguientes mensajes:

Hizote justicia partido al designarte su candidato a presidente municipal ese lugar (sic) Saludos.
Florentina Vázquez de Toscano.
Enviado desde Jalpa de Méndez. Oct. 6.

Y por este motivo, recibió otros, uno de ellos del profesor Pánfilo Novelo Martín, de la Federación de Profesionistas y Estudiantes Yucatecos.

Un recorte periodístico publicado en el diario Tabasco Hoy el 4 de mayo de 1991, es quizás el más cuidado por la familia de Sánchez. En él, don Leandro declara lo siguiente: Alondra tiene que ser elegida, si no “se arma una revolución”. La publicación está acompañada de una foto suya en La Salud, una nota periodística firmada por el reportero Jorge Castro Noriega.
Sostiene que Alondra, la flor de oro que ganó Jonuta en la Feria del Estado, debe ser la representante de Tabasco en el certamen de Señorita México. De lo contrario habría revolución y marchas de Jonuta a Villahermosa.
Esto nunca sucedió. La amenaza de El macareno, otro nombre dado a El sax de oro, no se cumplió. Su declaración fue anecdótica.

Las ocurrencias de LeandroSanchez contagiaron a los amigos que le visitaban en La Salud. Armando Mendoza Ramírez, un ministerio público, le escribió una composición que tituló El Dandi:

De blanco se viste el dandi cuando toca el saxofón, de Jonuta es hombre grande y caballero de honor, pues así es don Leandro Sánchez, puritito corazón

Ya de presidente municipal, Leandro Sánchez (con saxofón en mano) no sólo inauguraba obras en las rancherías sino dedicaba gran parte de su tiempo a contar historias y chistes. No amasó riquezas. Atendió a los jonutecos sin programarles audiencias, y fue feliz con su copita en La Salud, en donde muchas veces repitió:
—Señores, ¡Salud!
Leandro Sánchez (fue) el amigo, el político y el músico, de acuerdo con uno de sus grandes amigos, Jorge Vargas, El romántico de la canción, en una entrevista que le concedió al periódico Controversia, quien le dedicó 3 entregas sobre la muerte y la vida de Leandro Sánchez Pérez.
—Fue fenomenal y muy creativo —resumió Vargas.

*  *  *

A las 8 de la noche, minutos más, minutos menos, un rictus es la última nota musical que nos da Leandro Sánchez Pérez. Es miércoles 10 de agosto. La casa de la calle Zaragoza está repleta en cuanto saben la noticia: ¡Ha muerto LeandroSánchez!
Todo comenzó con un ronquido. Dejó de hablar, se le fue apagando el saxofón. Se fue.
Evonia, una doctora de la familia, confirmó la muerte: paro respiratorio. Junto con el paro, las lágrimas, las lamentaciones, los abrazos para el viejo, fueron como imágenes repetidas.
Cuentan que pese a las dificultades para respirar, su corazón dio los últimos golpes y quiso vivir, vivir, vivir: todavía su corazón respiraba tantito. Esto lo vio Raúl Ojeda, el político, que ese día, visitó al sax de oro.
Leandro murió sin quejarse. Supo que su partida comenzó desde que los médicos le diagnosticaron osteoporosis y los dedos ya no tenían la misma velocidad de cuando los desplazaba entre las llaves del saxofón. Le dijeron que quedaría cuadripléjico. Se entristeció.
Raúl Ojeda fue el primero en difundir la noticia a través de la radio. Se comunicó con los hermanos Sibilla Oropesa y les informó sobre el deceso de Sánchez.
Al sax de oro lo metieron, como lo pidió, en una caja sencilla que pagó el presidente de Jonuta, Armando Correa. De acuerdo a la voluntad del músico, el féretro debía ser de madera de pino. Así se eligió un ataúd para el saxofonista que amó a Jonuta hasta el extremo. Aquel día, el calor abrazó a los jonutecos y Leandro Sánchez fue sepultado en lo inmediato, un jueves 11 de agosto.
En una crónica publicada por Eduardo Beltrán, en el diario Milenio Tabasco, relata que antes de que Sánchez muriera, se casó por iglesia con su esposa. Lo hizo a petición de su nieta. Aceptó.
En la parroquia de El Señor de la Salud, el sax de oro, cumplió su palabra. Salió de la mano de la señora Melba Garrido.
Al finalizar la misa el sacerdote propició que los hijos de Sánchez y los jonutecos, cantaran las canciones del hombre-sax. Pero muchos, es decir los jóvenes, olvidaron algunas estrofas y esto provocó que el músico los corrigiera.
—¡Así no es!

Leandro Sánchez amenizando una fiesta.

La boda fue quince días antes de la muerte. En las últimas dos semanas, Leandro miró la tele, escuchó música y estuvo en el billar del pueblo.
Hablaba bajito, y tomaba las cosas licuadas. Dos días no comió, le dio temperatura, le salió llaga en la boca. Un martes (9 de agosto) tuvo una leve mejoría pero su mirada estaba muy fija, ya no hacía por responder. La máquina se cansó.
El ataúd fue puesto en el parque central de Jonuta. El cabildo le rindió honores. Las cronistas hablan de un minuto de aplausos y 3 días de duelo por el símbolo musical de Jonuta y Tabasco. El grupo Los Jonutecos amenizó la partida del que llamaron maestro, del maestro viajero.
—¿Se fue?
—Se fue un personaje único —dijo Rafael Elías Sánchez Cabrales, el presidente municipal de Jonuta que más homenajeó a Leandro Sánchez.
Días después a la muerte del personaje, se publicaron esquelas en los periódicos. El gobierno, músicos, y otros, lamentaron el “sensible fallecimiento” del músico.
Y el teléfono de la viuda no dejó de sonar: “todo estará bien, lo sentimos, don Leandro fue un gran hombre”.
–¿Aún escucha su saxofón en la casa?
­ –Sí ­ –dice Melba Garrido de Sánchez– y le brota una perspicaz lluvia en sus ojos por el hombre que le llevó serenata, por Leandro que sí le alcanzó el corazón.

*  *  *

Un disco de la empresa disquera, Promesa Record, conserva la herencia musical de Leandro Sánchez. Es un compacto que costeó el gobierno municipal de Jonuta y que reúne los temas más importantes del sax de oro, de su padre y de Pepe del Rivero, extinto compositor tabasqueño.
En una de las solapas del disco se leen dos mensajes: 

Gracias al Maestro Leandro Sánchez por llevar siempre en alto a Jonuta. Este reconocimiento en vida se lo merece por ser como es.
Rafael Elías Sánchez Cabrales.

Y

Gracias a Dios, a mi Familia y a Jonuta, en especial al presidente (2004-2006) Rafael Sánchez por éste mi gran sueño. Mi disco dedicado a mi Jonuta con cariño.
Leandro Sánchez Pérez.

Lo primero que uno escucha es Carnaval de Jonuta, escrita por Pepe del Rivero, el compositor que le cantó a Tabasco.

Timbal y flauta, flauta y timbal
Trompeta y güiro, pal carnaval

Leandro Sánchez y otros 8 músicos le rinden un tributo a Jonuta, uno de los municipios más pobres de México, según los organismos oficiales.

Ya viene don Serviliano y don Leandro Sánchez para tocar. Anoche de Palizada llegó pichiche con su timbal…

En la casa de El sax de oro una serie de reconocimientos cuelgan de la pared y otros están colocados en un librero. Son incontables. El que le concedió Promesa Record  dice: por su destacada trayectoria musical en Tabasco, llevando su música más allá de nuestras fronteras. Pero  otros reconocimientos lo compactan así: por su entrega y dedicación en el ámbito musical y por su valiosa aportación musical, firmado por el locutor de los músicos Pedro Romero, aquel que transmitía el programa Onda candente, en la XEVA. 


Jonuteca bella, vámonos amando.
Que si tú eres fuego, yo me estoy quemando.

En el disco, que incluye 12 melodías, participa el grupo musical Jonuteco El Puente, una grabación “totalmente en vivo”. En el material discográfico se escucha con fidelidad el saxofón de Sánchez, un saxofón suave, emocionante, con bamboleos, con una invitación a mover los pies.

A mi virgencita buena, yo le canto macarena, y le pido yo a mi virgen, virgen de la macarena, el amor de  esa morena…

Con el saxofón atado al cuello con un tali metálico, unos años antes de recibir el premio Savia del Edén, El macareno -vestido de blanco y zapatos cafés- disfruta en el disco (su disco) la recta final de su carrera. Así se siente:

Por la carretera viene la gente y todos quieren cruzar el Usumacinta por su hermoso puente.

A la muerte de Leandro Sánchez sólo quedan los recuerdos. Las fotos con Carlos Salinas, el ex presidente de México. Las fotos con Carlos Alberto Madrazo, Miguel Orrico y Mario Trujillo, los gobernadores que le escucharon con ahínco. La foto en la que aparece de niña Gina Trujillo y otras con hijos de políticos de la vieja guardia. Quedan, tan solo quedan, las letras de las canciones de su tierra:

Jonuta eres tú, paraíso tropical
yo canto para ti, tú mi tierra natal
tienes en tus mujeres un bello candor
nacieron cual violetas, de un jardín en flor.

Desde el cuyo se ve el Usumacinta
como un listón de seda, y se ve su rielar
y las lunas con sus rayos de plata
matizando el paisaje caprichoso y sensual

Quedan, tan solo queda, un sitio web en MySpace, que aporta datos biográficos del músico y videos, y los ecos que escuché en mi viaje por Jonuta que repiten lo que quieren oír: Jonuta de LeandroSanchez.

Y no hay tierra más linda, Jonuta eres tú.

El sax de oro.


martes, 14 de febrero de 2012

Hay que vivir la vida bailando y gozando.





Aquí les comparto un line para escuchar la música de Los Rubin´s, mientras concluyo el sitio web. De antemano, gracias. Comentarios a asuncioncerino@gmail.com

http://www.youtube.com/watch?v=FaqHZoqW23c

Además, el corrido que me escribió mi hijo Jesús Manuel Cerino Córdova

http://www.youtube.com/watch?v=1eoFOD1lCoA

En breve, publicaré la crónica que mi hijo Kristian Antonio Cerino, le escribió a mi padre (Lucio Cerino), gran saxofonista, unos días después de haber muerto. Y una crónica más sobre don Leandro Sanchez, un saxofonista altamente reconocido en México y que vivió y murió para Jonuta.